Ciento treinta y cuatro

Sábado a la noche. Hace un rato hablé con un amigo. Quedamos en salir. Seguramente, haremos una previa en su casa y después, iremos hacia algún boliche. Mientras espero el colectivo me doy cuenta de que no tengo tarjeta, tengo monedas, pero justo antes de ir al kiosco veo al ciento treinta y cuatro verde que viene desde lejos, si pierdo éste, el próximo va a pasar dentro de una hora. Me subo al colectivo y veo que está vacío, empiezo a poner las monedas en la máquina, pero dos de mis monedas no funcionan. Tengo uno con noventa, el pasaje sale uno setenta y cinco, por lo que me faltan cinco centavos. Vuelvo a intentarlo pero la máquina me escupe todas las monedas. Vuelta a empezar. Mientras tanto sube un rubio teñido, de ojos vidriosos, y le pide al colectivero que le venda un viaje, que no pudo conseguir tarjeta. El colectivero le dice que no tiene y que no lo puede dejar viajar sin pasaje. Yo, por mi parte, sigo intentando que las monedas pasen y me empiezo a poner más nervioso. Es como si tirara las monedas con fuerza, como si la máquina respondiera a la presión. Mientras tanto, el tipo sigue discutiendo con el colectivero que le dice que está arriesgando su trabajo, que si lo agarran con gente viajando sin boleto lo echan. Él responde: -No, mirá, yo soy muy respetuoso. Me siento atrás y cualquier cosa me bajo. Algo en la voz del tipo es sospechoso, hasta ahora no me había dado cuenta, pero los diálogos no tienen ningún sentido, hecho que se confirma mientras el rubio empieza a gritarle a todo un colectivo vacío si alguien le vende una tarjeta. -No hay nadie, le dice el colectivero. Y él vuelve a gritar -Alguien que me venda una tarjeta…señora ¿usted?
-Pibe, no hay nadie.
-¿Cómo que no hay nadie? ¿Y los fantasmas? Mirá a la señora de blanco. Señora, ¿me vende una tarjeta?
El colectivero, mientras se acerca a la esquina, va frenando y le abre la puerta al rubio, lo mira sin decirle nada. A lo que éste responde:
-No, no seas así. No me hagas esto. Si la guita yo la tengo. Fijate, tengo dos pesos, veinte pesos y un billete de cincuenta, pasa que no encontré tarjeta en ningún kiosco. Encima, justo salí de casa. Una vez que me deja la patrona…no me dejes en banda.
El colectivo vuelve a andar y yo sigo sin solucionar el tema de las monedas. A esa altura descubro que dos monedas de las de diez centavos son falsas y no hay manera de que la máquina me las acepte. El rubio vuelve con su ataque verborrágico.
-Si los pibes de la barra siempre viajan gratis. Yo conozco a la gente de barra. A las dos conozco, a los pillines y a la barra del Pimpi ¡No sabés las fiestas que se arman! Comida, gatos… no sabés lo que son esas minas…y una bolsa de merca ¡así! No te das una idea…- Hace señas con las manos. A todo esto, yo ya harto de estar seis cuadras intentando hacer pasar monedas falsas, lo encaro al colectivero y le explico:
-Mirá, tengo uno con noventa, pero se ve que las monedas están malas- No me conviene decirle que son falsas pero, en rigor, las monedas son más finitas y no tienen los dientecitos. A lo que el colectivero, ya más relajado por haber entrado en una especie de confianza con el rubio, empieza a buscar entre sus bolsillos y, el rubio, que ahora está parado al lado mío se vuelve un enano que me pregunta:
-¿Vos tenés fotos en alguna revista en la que saliste desnudo tocándote?
Lo único que logro hacer es responderle un –No, no tengo- con una sonrisa a mitad de camino entre perturbada e incomprendida. -¡Ah! ¡no! Entonces no hay monedas. Yo y él -señalando al colectivero- tenemos fotos y, de vez en cuando, nos tocamos.
El colectivero me mira, me hace cara como de no darle bola y me dice: -Acá tengo diez centavos.
Yo le doy las dos monedas falsas. Él las guarda y en la esquina frena el colectivo. Suben tres personas y el colectivero le dice al rubio:
-Bajate, andá a la heladería y pedí cambio de dos pesos.
-Okay ¿Te traigo uno de vainilla?
Mientras yo, un poco más tranquilo, dejo pasar a las personas que van sacando sus boletos. Pero cuando intento pagar…vuelve a pasar lo mismo. Me faltan cinco centavos y la máquina me devuelve una moneda de diez que no puedo hacer pasar, lo cual me vuelve a poner nervioso, entonces empiezo a pensar las posibilidades. Creo entender que cuando le devolví las monedas al colectivero, en realidad, le di una de las buenas y unas de las falsas, por lo cual, me sigue quedando una moneda falsa. Enfrascado en mi malestar me vuelvo a sentar en el primer asiento, mientras el rubio vuelve a subir con cara de cristal líquido, triunfal. Había conseguido cambio. Estoy pensando en pedirle una moneda, pero dada nuestra conversación sobre las fotos de desnudos, prefiero quedarme callado. De todas maneras, algo tengo que hacer. Miro por la ventana y veo que faltan dos para Pellegrini, o sea, cuatro para que yo me baje. Entonces, decido dejar que el rubio pague su pasaje, le cedo el lugar y me siento. Él, con aire de negro que camina por el Harlem, empieza a introducir con violencia sus monedas por la ranura y cada vez que arroja una moneda, acompaña la acción con un grito de guerra: YEAH. FIRE. GO. FINISH HIM. FIRE. Pero hay una moneda que se resiste a ser registrada, lo cual provoca que el rubio comience a golpear la máquina y repita el procedimiento. Lo que también hace que el colectivero se impaciente y comience a emitir unos quejidos inentendibles. El rubio no entiende que la máquina le volvió a escupir las monedas, para cuando el colectivero le explica ya pasamos Pellegrini. Así que mientras el rubio vuelve a la carga contra la máquina diabólica, a la que pretende estremecer con sus gritos de juego electrónico, yo me paro, me ubico al lado del chofer y le digo: en la esquina, por favor.
Me espera una gran noche.






haremos lo q se hace en todas las grandes noches…tratar de conquistar el mundo! como pinky y cerebro. besosss. linda ilustración/imagen/foto, es como un mix.
Fran: hermoso relato… me quedo pensando que si el cuento clásico o el no clásico… Está bueno lo que escribiste, no parece clásico… me gusta.
Linda página además… slds …
O como el conde pátula, “temo que nada malo suceda”. Me gusta tu sitio, me daré algunas vueltas por acá. Gracias por tu visita a lo mío.
gracias gente!
sandra: mas alla del tipo de relato, creo que a la hora de escribir uno escribe,
lo otro es darle de comer a la critica (que tambien somos nosotros mismos, jeje).
por ahora me interesa mas el primer movimiento.
me gustó mucho amigo! ya te había dicho, claro, que es lo tuyo…bah, te sale muy bien..eso quiero decir…..le vas dando a pasos agigantados lugares a las sombras, a esas cosas como si yo misma las estuviera viviendo…BESOS!
Buen relato. Un poco largo, si eliminaras la repetición de echar las monedas te quedaría mas corto y mejor. En fin, es solo una opinión. Un abrazo. H.
grande pipu!
h: si, puede ser, un poco la idea era intentar mostrar la repeticion como “eso” de lo que el personaje no puede salir. pero puede hacerse pesado, es verdad.
gracias por pasar, ahora te agrego a los contactos. muy bueno tu blog…
le metiste una tuneada violenta…creí q me había equivocado de blog, jej.
Gracias por tu lindo comentario en mi blog.
Escribís mucho y te extendés, eso está buenísimo. Y coincido con vos: también me interesa más escribir que el segundo movimiento.
Saludos!
Me encantó el relato. Soy mala para leer post largos pero este me enganchó desde el principio. Felicitaciones.
Besotes y abrazotes.
gracias gente, parece que quedo largo,
pero de todas manera si lo hacia mas corto
dejaba una parte afuera.
gracias por pasar y comentar…
A veces las repeticiones valen…
sin repetición, aquí, no hay tensión
sin tensión, ese personaje no puede lograr su misión: ofuscarnos, impacientarnos.
y sin eso, este relato es anémico.
voto por los repetidores, los repitentes y los repetitivos!
saludos
la repetición, la repetición
la repetición, carajo
la repetición…
(cantado por un grupo de borrachos al ritmo de un tambor de cancha)
Tenso … intrigante … sencillo …
Redondo como una moneda.
como una moneda que no entra en la maquina de boletos
saludos celebes, gracias por pasar
Muy buen relato! que ambiente se puede crear solo con palabras…
hola fran:
la foto que te gustó es de las salinas grandes, jujuy, a 120 km de purmamarca (hermoso lugar), no tan grandes como las de uyuni, pero encantadoras al fin.
estuve leyendo tus escritos ( y tus selecciones de otros – qué bueno releer a symns!)
éste me acercó a escribirte, (además de mi categoría de usuaria de líneas urbanas de transportes) y supongo que es por las sensaciones que el relato logra transmitir en una crónica tan cotidiana.
saludos y gracias!
un gusto tenerla paseando por aca
ahora mismo agrego tus fotos a los links
saludos!
El insomnio a veces puede ser curioso. Por pavear se me ocurrió entrar a technorati (qué nunca lo termino de entender, una vez quise poner mi blog en esa página y nunca pude), y te encuentro ahí como seguidor de mi blog (sorpresa que tampoco entiendo de technorati). Bueno, el tema es que llego a tus blogs, y realmente me gustan tus textos y tus selecciones de textos. Gracias por dejar una huella para que llegue en una noche como estas de la sierra. Te linkearé para no encontrarte sólo en noches de insonmio. Un abrazo.
gracias natalia! te comento asi como al pasar que tu blog si esta en tecnorati, jeje a veces uno se pierde en las redes. me alegro que te guste el blog! nos estamos leyendo…
Wow loved reading this post. I submitted your rss to my google reader.