___________________ Algunos Escritos ____________________

Los sueños de Klauss (segunda parte)

Posted in ::: Escritos míos, Los sueños de Klauss, Relatos by Martín Kaissa on 26 marzo 2010

[Ir a la primera parte]

Al otro día llovió y tuvo que quedarse todo el tiempo en la casa. Le divertía poner frascos para las goteras, pero estar encerrado lo cansaba rápido. Su mamá empezaba a impacientarse con él dando vueltas en un espacio tan reducido, pero se deprimía si la dejaba sola y no lo dejaba salir a jugar con la lluvia. Te vas a enfermar, no quiero que después andés con mocos todo el día. Finalmente, él se fue a dormir temprano, ya no sabía más qué hacer.

Klauss ve a su mamá mientras lava los platos y mira por la ventana de la cocina. Ella le pide que la ayude a limpiar la casa, que junte los juguetes. Él se siente bien ayudando a su mamá y va metiendo los juguetes en una caja. Se distrae y piensa: ¿pero cómo, los juguetes no estaban en el galpón? y llega a ver de reojo que su papá entra a la cocina. Cuando quiere preguntarle a su mamá sobre los juguetes ve a su papá avanzando hacía la mesada. Ella está de espaladas, su papá se acerca lentamente. Klauss ve como le besa el cuello, está tranquilo. Ella se queda quieta y después gira la cabeza y sonríe. Entonces él la agarra bruscamente de las caderas y la aprieta contra sí. Klauss se asusta, no puede entender porqué ella responde ante eso con una sonrisa repetida. El papá que intenta sacarle el pantalón. ¿Klauss dónde estás?, pregunta ella. Buscando los juguetes que quedaron en el otro cuarto, responde. Porqué no buscás la toalla que quedó en el bosquecito, así la lavo. Mientras él se dirige al bosque el ambiente se pone más oscuro y empieza a escuchar un ruido, como un barullo, pero cada vez que mira atrás el sonido se acrecienta. Le parece que es su mamá, luego escucha gritos entrecortados, más ruidos y comienza a desesperarse porque no encuentra la toalla, el ruido aumenta y aparecen más voces, del papá que putea, de sus compañeritas que le dicen: ¡gringo sucio! ¡gringo sucio!; su mamá que vuelve a gritar, pero ahora el grito es distinto. Klauss empieza a correr y la escena se oscurece, se escuchan los gritos más fuerte y cada vez que se da vuelta el sonido lo aturde y él que corre y ya no le dan más las piernas, cae al piso y se despierta en su cama.
De la pieza de al lado se escuchaban ruidos, al principio pensó que estarían otra vez discutiendo pero después empezó a dudarlo, no parecía una pelea. Se escuchaba la cama desvencijada. Su papá vociferaba cosas que él no llegaba a entender y su mamá resoplaba. Klauss todavía estaba aturdido por el sueño, pero comprendió que ya no podría dormirse. No quería que volviera el sueño, no quería volver a correr pero tampoco quería escuchar más a sus padres. No pudo hacer otra cosa que quedarse quieto esperando que por fin se callaran.

Klauss, despertate que tenemos que ir al pueblo, la voz de su mamá salía de la cocina. No tenía ganas de salir de la cama, afuera hacía frío y su cama estaba calentita. Dale hijo, que te preparé el desayuno, tu papá se fue a buscar el camión y me dijo que te pregunte si querés acompañarlo. Klauss se estaba poniendo los pantalones y no había terminado su pan con manteca cuando los perros empezaron a ladrar. Se escuchó la bocina del Canadiense. A él siempre le había parecido que la bocina sonaba más a un barco que a un auto. Para subirse al camión tenía que agarrar la escalerita que llegaba hasta la puerta. Detrás del cubo de hierro que hacía de cabina sólo había unos tirantes de madera montados sobre el chasis, algunas sogas y un cajón de manzanas. Aprovechamos y les llevamos a los tíos para que hagan dulce, dijo su papá. Bajar del cerro no era fácil, el camino de ripio lleno de pozos hacía que fuera imposible llegar en auto hasta la casa. Sólo llegaban las cuatro por cuatro y los camiones leñeros o algún tractor. Para colmo con las lluvias del invierno el camino se llenaba de pequeños canales y de barro. En el camino Klauss y su papá tuvieron que ayudar a desempantanar una camioneta. La f100 había intentado cruzar uno de los canales por la banquina del camino y se quedó atrapada en el barral. Para un camión de ruedas de un metro no era un problema mayor. Ataron con una soga el paragolpe del camión a la camioneta y en quince minutos estaban andando otra vez.

- Antes de cargar nafta nos podríamos tomar un helado, ¿no?
– Pero papá es invierno.
– ¿A vos no te gustan los helados?
– Sí.
– Entonces vamos a tomarnos un helado.

La heladería estaba cerrada y tuvo que conformarse con un helado que comprarían en el supermercado. Vos andá a la heladera y elegite el que más te guste. Klauss recorría las góndolas contento, no prestaba atención a la gente que se amontonaba en las colas para pagar, ni siquiera se dió cuenta de que una maestra de la escuela lo saludaba, él sólo pensaba en su helado. Tardó, pero finalmente se decidió por un bombón de chocolate que alguna vez ya le había regalado su abuelo. Cuando volvió a buscar a su papá lo encontró en las góndolas de alcohol. Al verlo, su papá agarró rápidamente una botella de whisky y la puso en el carrito tapándola con un paquete de arroz.

- ¿Te elegiste un helado?
– Sí, bombón de chocolate.
– ¿Ya estamos, entonces?
– Sí.
– Bueno, buscá un queso de rallar grande. Nos vemos en las cajas.

Klauss y su papá se pasaron toda la tarde buscando un cliente que les debía la plata de dos camionadas de leña y finalmente el tipo les dio sólo un adelanto y prometió pagar la semana siguiente. Antes de volver al cerro tenían que pasar por lo de los tíos a dejar las manzanas, pero cuando llegaron al barrio se dieron cuenta de que en la casa no había nadie. Klauss se sintió defraudado. La casa de los tíos era el único lugar en donde él podía ver televisión, le encantaban las películas. Dejaron el cajón de manzanas en la puerta de la casa y se subieron de vuelta al camión, de todas formas se estaba haciendo tarde y no se hubieran podido quedar mucho más. No convenía subir de noche al cerro.
Cuando llegaron a la casa, los perros los recibieron en la tranquera; daban vueltas alrededor del camión, ladraban. Klauss estaba seguro de que se ponían contentos cuando él llegaba. Debajo del árbol en donde guardaban el Canadiense estaba oscuro y se podía ver la luz de una ventana al final del camino. Mientras su papá descargaba las cajas de comida, él corrió hasta la casa y abrazó a su mamá que cargaba leña en la cocina económica. ¿Preparaste algo de comer?, preguntó su papá mientras se peleaba con la puerta y las cajas. No, estaba esperando que lleguen con las compras. Te dije que hoy quería comer temprano, dijo él con un leve tono de fastidio. Pero qué querés que haga si no hay comida, respondió ella copiando el tono. El papá salió a buscar otra caja que había quedado en el camión. Tengo que buscar unas cosas en el galponcito, dijo mientras cerraba la puerta. Ella se puso a guardar las compras del supermercado y Klauss le contó lo que había pasado en el pueblo.

- ¿Y te quedó lugar después del helado para comer algo?
– Sí, mamá.
– ¿Qué te parece si hacemos unos fideos? ¿Compraron sal?
– Sí.
– No la encuentro.
– Por ahí quedó en la otra caja.
– ¿Por qué no vas a buscar a tu papá y le pedís que traiga las compras que faltan?
– Afuera está oscuro, mamá.
– Dale Klauss, andá a buscar a tu papá.

Cuando entró al galponcito la puerta hizo ruido. Vio a su papá esconder una botella. ¿Qué haces acá Klauss? Me dijo mamá que te venga a buscar, que te diga que necesita la sal. Vos andá, que ahí voy. No quería volver sólo pero la voz de su papá no le dejaba muchas opciones. Así que dio media vuelta y se volvió a su casa.

- ¿Dónde está tu papá?
– En el galponcito, ahí viene.
– Y ¿qué estaba haciendo?
– Nada, no sé.

De todas maneras no sabía qué decir. Cuando su papá entró a la casa, él decidió irse para el cuarto. No quería estar ahí cuando su mamá sintiera el olor a Whisky que rodeaba a ese hombre. Se tiró en la cama y empezó a pensar en cómo habían rescatado esa camioneta, en el helado de chocolate y en las ganas con las que se había quedado de ver una película. Estaba cansado.

 

Ir a la última parte

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2 comentarios

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  1. Fran said, on 26 marzo 2010 at 1:02 am

    la foto original pertence a Lu Guaresti

  2. Bitacoras.com said, on 26 marzo 2010 at 4:04 am

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: [Ir a la primera parte] Al otro día llovió y tuvo que quedarse todo el tiempo en la casa. Le divertía poner frascos para las goteras, pero estar encerrado lo cansaba rápido. Su mamá empezaba a impacientarse con él dando vuelt…..


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