serie VERANEO.
5.
tenía una idea acerca de
perder
esperaba
suponía
que perder
era decir ya no estás
y puedo
pero no pude
y perder
fue
lo más parecido a salir del mar
una tarde,
la última tarde
del último día de vacaciones.
Pequeños cocodrilos
Por Aureliano N.
Padre sentado al telefono. Habla con madre, le pregunta como esta. Como esta hijo?
Aca esta, un poco inquieto. Ahora esta tirado en el suelo, dibujando. Decile que venga a hablar conmigo.
Hijo toma el telefono. Su vocecita atraviesa miles de kilometros y llega a los oidos de padre. Hey papa, por que no estas aca? te extraño mucho, dice con su vocecita aguda. padre se imagina la carita entristecida de hijo. No puede evitar sonreir, yo tambien hijito. Pero mucho te extraño, no tenias que quedarte alla, vuelve a decir hijo y padre deja de sonreir y su rostro se inclina hacia una mueca dolorida.
Sobreviene un silencio. Padre intenta escoger entre muchas palabras algunas que sirvan de consuelo a hijo, y a si mismo. Lo que pasa hijo, empieza a decirle con un tono didactico, pero se interrumpe. Mama, me dibujas un elefante? la vocecita aguda grita del otro lado del telefono y se va tornando mas lejana. Oye la voz de Madre, que te dijo papa? Hijo no responde. Pero cortó el telefono? si, responde hijo. Dibujame un elefante, dale. Tomá este lapiz.
Mujer triste con una taza de té
Por Astromelia
Detrás del humo
entre el cabello y los zapatos
sucede una mujer,
detrás de la mujer que posa
enfundada en un vestido
con pálidos volados
y botones
que multiplican la presencia de sus ojos.
Esta es mi canción para vos
Por Mariano Martín
Esta es mi canción para vos
por la mañana que llegó
por el día que partió
por la lluvia y el fogón
por el café.
Esta es mi canción para vos
por el mañana y el ayer
por aquel amanecer
porque esperamos volver
porque hoy me voy.
Porque mañana no estaré
Para jugar a ser feliz
para charlar para reír.
Porque quizás me encontrarás
en una foto en un papel
en una noticia que tenés de mí.
Y sé también que a lo mejor
Me voy a preguntar
Que fue lo que pasó con aquel sol.
Historia del ojo
Por Georges Bataille
A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados. Por eso temen la obscenidad. No sienten ninguna angustia cuando oyen el grito del gallo ni cuando se pasean bajo un cielo estrellado. Cuando se entregan “a los placeres de la carne”, lo hacen a condición de que sean insípidos.
Pero ya desde entonces no me cabía la menor duda: no amaba lo que se llama “los placeres de la carne” porque en general son siempre sosos; sólo amaba aquello que se califica de “sucio”. No me satisfacía tampoco el libertinaje habitual, porque ensucia sólo el desenfreno y deja intacto, de una manera u otra, algo muy elevado y perfectamente puro. El libertinaje que yo conozco mancha no sólo mi cuerpo y mi pensamiento, sino todo lo que es posible concebir, es decir, el gran universo estrellado que juega apenas el papel de decorado.






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