___________________ Algunos Escritos ____________________

El pasado

Posted in Alan Pauls, Prosa by Martín Kaissa on 16 junio 2008

Por Alan Pauls

 

…Después de todo hizo lo mismo que vos: aprendió lo que tenía que aprender y se fue, hecho todo un hombre. Un hombre encantador, sensible, curioso, apasionado, que ya estará aprovechando, supongo, alguna alemana inmunda, con matas de pelos en las axilas y sandalias con medias. Pero no me quejo. Es así. Es mi misión en el mundo: inventar, descubrir, embellecer personas… para que las disfruten otros. Es lo que hago con mis enfermos. Llegan a mi inválidos, paralizados, desahuciados por los médicos, y se van felices, caminando. A sus propios familiares les cuesta reconocerlos. Es lo mismo pero con los hombres. Esos hombres que las mujeres detectan, seducen, encierran en departamentos de tres ambientes y convierten en padres de familia, esos hombres que después, con el tiempo, se dan cuenta de que esas mujeres con las que estuvieron toda una vida son una perfectas extrañas y nunca supieron nada de ellos, nunca, nada, empezando por lo básico, quiénes eran, ellos, quiénes eran de verdad, qué los hacia felices, qué los enfermaba, qué los enloquecía de alegría, de que querían escaparse, con qué paraísos soñaban, y entonces se mueren, y el medico dice “infarto” o “aneurisma”, pero en realidad mueren de amargura… A esos hombres, Rimini, a esos hombres como vos, yo los veo. Los veo y de sólo verlos los abro por el medio, como esos filipinos que operan sin tocar, y les miro el corazón así, a esta distancia, y les leo todo, entendés, una por una, todas las heridas y las cicatrices que tienen, las grandes, las que son irreparables, y las que casi no se ven, y también leo todo lo que el corazón es capaz de hacer, todo lo que ni él, él menos que nadie, en realidad, sospecha que puede hacer, y entonces les digo lo que veo, o no, se los muestro (por que los pobrecitos rajan se les decís las cosas), y entonces, zas, se enamoran de mí, se enamoran perdidamente, y yo de ellos, y cuando empiezan a darse cuenta de que los que les mostré está ahí, adelante de ellos, adentro de ellos, entonces creen que entienden de qué se enamoraron realmente, no de mi, por supuesto, sino de mi poder, de mi ojo filipino, de mi capacidad de curarlos , y entonces, curados, espléndidos, se van, mucho más guapos que cuando los encontré, rejuvenecidos, en perfectas condiciones para ser felices. Y sin mí, por supuesto…

 

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2 comentarios

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  1. Lien said, on 28 febrero 2010 at 2:10 am

    Llegué aquí por azar, apretando un nombre entre miles de la lista de blog de escritores.org y de clic a clic llego a este texto, lo leo y me quedo con ganas de más. Supongo que es lo más concreto que puedo decir. Hay en esas pocas letras la fuerza de un trozo de universo mayor, ¿dónde sigue?

    Saludos.

    • Fran said, on 28 febrero 2010 at 2:31 pm

      Lien, esto es un estracto de un libro que se llama “el pasado” y que escribió Alan Pauls.
      supongo que sigue en ese libro. y despues en sus otros libros. saludos y bienvenida!


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