___________________ Algunos Escritos ____________________

apuntes para pensar caminando

Posted in ::: Escritos míos, Ensayos, imagenes by Martín Kaissa on 23 junio 2008

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Escribo en el escritorio frente a la pantalla cuando escucho el timbre de la casa. La perra, que ahora ni siquiera puede mantenerse en pie, ensaya un ladrido lastimoso derrumbada bajo la mesa. Me asomo por la ventana y veo el gamulán de siempre imponiéndole respeto al invierno. La tarde invita a salir, para pensar juntos decidimos salir a caminar.

Para aquellos que venimos pensando que pensar significa cambiar de lugar, moverse mientras se piensa se vuelve fundamental. Tal vez sea valido entonces afirmar la politización de cierta dimensión del caminar, balbucear una biopolítica de nuestros recorridos por la ciudad.

Si pensar significa moverse, el pensamiento necesariamente implica caminar. Aún a riesgo de caer en una apología del nomadismo, decimos que el pensamiento siempre tiene que ver con la producción de la vida, con la apertura hacia nuevos signos vitales, con la constitución de territorios existenciales más potentes en los que podamos decidir cómo queremos vivir. A este modo de pensar lo llamaremos pensamiento caminante.

Habría otro modo, higiénico o de oficina, en el que el pensamiento no sale, porque si lo hace, si camina, se ensucia de tierra. Este modo de pensar esterilizado, aséptico, es el de alguien que sólo tiene sexo después de bañarse. El modo de escritorio es el modo del pensamiento como repetición e implica estarse quieto, volver al mismo lugar, no ir más allá del goce consistente en escucharse repetir. Perrunamente hablando, el límite que puede encontrar el modo oficinista es terminar comiéndose la cola.

Estar quieto en el escritorio es como estar castigado. Como aquella vez en el jardín cuando le levante la pollera a mi compañerita y me pusieron en penitencia sentado contra la pared. Ahora no hay rincón ni penitencia pero la silla sigue ahí. También hay una luz, más parecida a la de un criadero de pollos que a la de un velador.

Ahora bien, la pata floja del aparato de pensamiento escritorial puede llegar a ser el devenir feo. O sea que, más que malo, podría llegar a ser un modo feo del pensar. Sobre todo si la soledad en algún momento se vuelve desolación, si el cuerpo no encuentra otro cuerpo para construir entre ambos un límite, un nuevo territorio. En este último sentido de lo somático, si el infierno son los otros, el paraíso también.

Hace algunas semanas les propongo por mail a mis compañeros becarios de conicet armar entre nosotros un laboratorio de becarios. La idea era, antes que sobre hipótesis, autores o libros, trabajar sobre las inscripciones corporales y las dimensiones vivenciales de nuestro modo de producción de conocimiento: dónde nos angustiamos, cuándo nos aburrimos, con quiénes cooperamos, qué nos alegra, por qué siempre estamos corriendo. Intuyo que ese “correr” puede ser la versión híper-acelerada de un pensamiento que no camina, el doble académico del modo de pensamiento higiénico. Para el corredor urbano, detrás de cada eventualidad doméstica acecha una conspiración contra su propio tiempo. De modo que, hacer una compra en el supermercado significará un atraso definitivo en sus lecturas agendadas. Ir al cajero a sacar plata, cambiar el cartucho de la impresora o llamar al gasista le demandarán una lucidez que bien podría estar volcando en reescribir la ponencia que acaba de terminar.

Sin embargo ¿todo caminar implica pensar? ¿Siempre que se camina se piensa? ¿Qué papel juegan los lugares por los que se camina? ¿Y la compañía del caminante o su interlocutor? ¿Y la época del año? ¿Y el escenario geográfico? Es como si el pensamiento se tiñera del territorio sobre el que se erige. Pero… ¿Se ensucia uno invariablemente de los lugares por los que anda? ¿Caminar al lado del río en Rosario, por ejemplo, promueve el pensamiento líquido? ¿Caminar por un bosque misionero conlleva un pensamiento denso? ¿Caminar en las alturas de Bolivia te otorga un pensamiento panorámico? De la misma forma, ¿caminar de noche por el centro de Las Vegas promueve un pensamiento iluminado? ¿Se puede pensar en las planicies lacerantes de Colonia Caroya? ¿Y en las siestas taciturnas de San Antonio de Areco? Preguntas que me hago mientras camino.

Camino por una calle en subida. De repente, exhausto, me siento sobre una piedra. Mientras intento respirar se acerca un viejo y, sin preámbulos, me pregunta ¿a quien espera?

Quiero compartir con ustedes un catálogo de caminatas:

Habría un caminar desesperado.

Habría un caminar turístico.

Además habría un caminar gasolero: para este modo de caminar, que doy en llamar “gasolero”, caminar no es una decisión afirmativa. Por el contrario, en este caso se reduce a eso que hago porque tengo que moverme de un punto a otro y no quiero gastar plata en taxi o en colectivo. Por lo general, el caminante gasolero siempre está llegando tarde a algún lado. Este modo sería algo así como la extensión caminante del modo de pensar higiénico: o sea, uno no desconectó con lo que estaba haciendo y pensando, pero no le queda otra que moverse para llegar a destino. Algo así como “de la casa al trabajo y del trabajo a la clase de charango”.

Como al caminante gasolero siempre se le hace tarde, al igual que en el caminar desesperado y en el caminar turístico, el cuerpo del otro es un obstáculo en la marcha. Si en el caminar desesperado el cuerpo del otro es un estorbo para que mi cuerpo llegue más rápido a la mina que me vende Fernet-Cola Gavuti atrás de una barra o es la bolsa de tetas con escote sojero que me separa de un seguro orgasmo por la Plaza Pringles a las seis de la tarde un martes de primavera. Lo mismo que en el caminar turístico, en donde el cuerpo del otro equivale a eso que me falta para llegar a las ruinas de los Tiwanacu.

Otro rasgo del caminar gasolero es la superfluidad de la mirada: los ojos ven pero no miran; ciegos bien abiertos, quedan como enfrascados en la actividad mental de la que todavía no han sido arrancados. Caminando así, paso casi a diario por Corrientes entre Córdoba y Rioja y juraría que si en este momento alguien me pregunta qué negocios, edificios o cosas hay en esa calle, no tendría nada para decir. De igual forma sospecho que, aunque quisiera, la sobre-estimulación provocada por el exceso de signos de mercado haría que todo intento de mirada fuese inútil.

Camino por Corrientes, en Buenos Aires, con la fantasía de que -entre puestos callejeros, promociones de todo tipo, estridencias artesanales, kioscos de revistas, perfectos desconocidos y vidrieras- aparezca una piecita para entrar a molerme a palos con alguien y poder hacer algo con mi agresividad.

Por último, existiría un modo de caminar decidido, que es finalmente aquél que me interesa politizar.

Para el tipo que me importa, caminar no es la opción menos mala. Tampoco es una acción instrumental reductible a llegar de un lugar a otro. Simplemente se trata de una decisión política. Camino porque necesito pensar. Y para caminar elijo un espacio público, decido un interlocutor, decido un paisaje y una propia temporalidad. Y en tanto lo decido, des-fetichizo mi propio estar en la ciudad.

Digo, uno no sólo consume cuando va al Supermercado o al Shopping. También consume cuando habla sin consecuencias. Y también lo hace cuando camina sin decidir una apuesta, moviéndose a una velocidad que le es ajena.

Es cuando podemos suspender todos esos gestos que puede emerger otra voz, que las palabras pueden desvestirse del neoprén que las vuelve superfluas. Es entonces cuando puede surgir otra temporalidad, en suma, es ahí cuando puedo pensar. Sólo logro pensar cuando hago del pensamiento el síntoma de algo que se problematiza caminando.

Mi amigo el del gamulán verde dice que necesita pensar. Yo lo invito a caminar.

 

Escrito junto a Juan M. Sodo.

 

 

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10 comentarios

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  1. dostospos said, on 1 septiembre 2008 at 10:09 am

    Hola Frank, hay una frase de Cervantes que va mucho con tu post: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

    Un saludo

  2. etereal said, on 23 septiembre 2008 at 11:52 pm

    Me ha gustado caminar por aqui. Esta es una de las lineas con las que me quede:

    “…si la soledad en algún momento se vuelve desolación, si el cuerpo no encuentra otro cuerpo para construir entre ambos un límite, un nuevo territorio. En este último sentido de lo somático, si el infierno son los otros, el paraíso también. ”

    Muy bueno, un saludo!

  3. Fran said, on 24 septiembre 2008 at 12:25 am

    etereal, me alegro que te guste.

    es tambien de las frases que a mi más me gustan, de alguna manera desde que vi la obra de sartre
    (esa que dice que el infierno son los demas) me estaba peleando con esa idea.
    cuando estabamos escribiendoel ensayo con juan (esto lo escribimos a duo)
    creo que los dos nos sorprendimos de lo que salió. otra cosa es que el texto esta preparado
    para ser leido en publico, de alguna manera asi en la pantalla pierde un poco la magia,
    pero bueno, es lo que hay…

    gracias por pasar.

  4. etereal said, on 24 septiembre 2008 at 5:05 am

    Y si es asi…

    Por que no se graban algo en MP3 y lo incluyen en este link?

    Que es solo una idea, mira que soy muy inventora.

    Saludos,

    Etereal

  5. Fran said, on 24 septiembre 2008 at 1:27 pm

    es verdad, por ahora no estaba pensado subir audio al blog,
    pero bueno, quizas mas adelante.

    gracias por la sugerencia

  6. fireinyoureyes said, on 13 marzo 2009 at 2:54 pm

    me ha encantado, gracias por recomendarme está reflexión!!!
    me han gustado sobre todo estas preguntas:
    ¿todo caminar implica pensar? (no necesariamente)
    ¿Siempre que se camina se piensa? ( si, pero ademas de pensar implica una conversación interior contigo mismo)
    ¿Qué papel juegan los lugares por los que se camina? (un papel importantisimo, porque te incitan o no te dejan pensar)
    ¿Y la compañía del caminante o su interlocutor? (tambien es importante la compañia pero a veces es mejor la soledad)
    ¿Y la época del año? (yo personalmente pienso mas en invierno)
    ¿Y el escenario geográfico? (es importante, si, depende mucho del pais o region en la que estes)
    ¿Se ensucia uno invariablemente de los lugares por los que anda? (sii, se ensucia y mucho y no siempre es bueno)

    1 saludo

    seguiré curioseando por aquí

  7. Fran said, on 13 marzo 2009 at 5:19 pm

    fireinyoureyes me alegro que te guste!
    son preguntas que aun despues de escribir el texto
    mantienen su vigencia y nos obligan a seguir pensandolas

    saludos

  8. sil said, on 11 abril 2009 at 9:47 pm

    Muy bueno! Imagino que en vivo es distinto, sin embargo, la dinámica del texto me gusta mucho…
    [Camino porque necesito pensar. Y para caminar elijo un espacio público, decido un interlocutor, decido un paisaje y una propia temporalidad.]
    .
    .
    .
    … me voy al parque. Es inevitable!

    Saludos.

  9. Fran said, on 11 abril 2009 at 9:50 pm

    me alegro sil. es un gran dia para caminar…

  10. carol bret said, on 29 diciembre 2009 at 6:57 pm

    Una interesante reflexión, así de interesante como el resto de las cosas que he podido leer en este ratito que he pasado por tu blog.
    Siempre he pensado (incluso estando sentada) que caminando se piensa mejor, el problema es que no se puede escribir al mismo tiempo…
    Eso sí, escuchar música dando un paseo es un regalo para los sentidos. Sobre todo aquí, en Santiago de Compostela, paraíso para nubes perpetuas.

    Salud y felicidad.


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