___________________ Algunos Escritos ____________________

Lo que tengo para darte

Posted in ::: Escritos míos, imagenes, Relatos by Martín Kaissa on 1 agosto 2008

manos

Bruno buscó abrir la puerta de su departamento mientras la médica, en medio de risitas, le besaba el cuello. No quería dejar de besarla pero su vista, al lograr vencer la cerradura, se detuvo indefectiblemente en un papel doblado, recortado de un cuaderno, que lo esperaba tirado en el piso. En ese momento se dio cuenta de que la noche iba a ser más difícil de lo que había imaginado. Intentó hacerse el distraído, trató de pensar en otra cosa mientras la médica, desesperada por la curva que apareció en su noche de placer, intentaba desvestirlo. Sin éxito, empezó a quejarse:

-¿Qué pasa? ¿Está todo bien?

– Sí… no sé, no me siento muy bien, debe ser la cerveza.

– ¿La cerveza? Pero si hasta recién estabas lo más bien.

– Sí, puede ser, no sé…

– No me vas a decir que hiciste todo este quilombo para que lleguemos hasta acá y arrugués.

– No, no es que arrugué, simplemente no me siento bien.

– ¿Me podés decir qué te pasa?

– Nada. Mejor nos vemos otro día.

– Ah no, yo no me voy de acá hasta que me expliques qué pasó.

– Dale, mejor nos vemos en otro momento.

– No ¿Sabés qué? No me llames nunca más.

En realidad, a Bruno mucho no le importaba. Desde que había visto el papel, en lo único que había podido pensar era en la necesidad de abrirlo.

Había vuelto a acostarse con mujeres, más acorralado por la necesidad que contento con su decisión, pero eso no le alcanzaba. El sexo se había vuelto poco más que un trámite en el que él se vaciaba. Pero de ninguna manera lo hacía feliz y diez minutos después sentía cómo el cuerpo se le aplastaba contra la cama y casi no podía respirar. Cuando no tenía sexo albergaba cierta esperanza en que la falta de contacto con las mujeres era la causa de sentirse mal, pero una vez que había acabado, esa ilusión se desvanecía y se encontraba con el bloque de realidad que lo estampaba y le decía: algo no está funcionando.

Pero eso ahora no le importaba, tenía la carta. Conocía esa manía de Mariana de dejarle regalitos, de aparecer de improvisto, como los invisibles de las primeras citas, con los que ella prolongaba una presencia más allá de su estadía. Conocía también esa pasión por arrugar el papel, por darle ese estilo que lo sumaba a toda una serie de papeles con mensajes a lo largo de toda su relación. Y, sin embargo, cuando leyó el papel todos sus nervios se escurrieron al unísono y se quedó helado.

Necesito verte.

Buscó por todo el papel pero no había otras palabras, ni indicios de tachaduras ni de algo más. Necesito verte, era lo único que decía. Esto es raro, pensó. Debe haber pasado algo, no, no suena a Mariana. ¿Cuándo Mariana escribió una cosa así?

¿Verse? A Bruno los recuerdos le caían como cascadas, una larga sucesión de imágenes de encuentros con Mariana se le aparecieron en la cabeza. El momento en que la vio en un cumpleaños de un amigo en común, la primera vez que fueron al cine. Pero rápidamente empezó a recordar las cosas que sucedieron después de que cortaron, la primera vez que se habían juntado a hablar y que no se dijeron ni una palabra, se acordó de cómo Mariana estuvo toda una tarde llorando en el parque. La vez que se encontraron en el boliche y terminaron en su departamento, casi guiados por sus memorias corporales que los abandonaron después del primer polvo y los dejaron ahí perdidos entre las sábanas. Y sobre todo recordó ese día, un año atrás en pleno 2002, mientras el país parecía una olla de mierda que había rebalsado y que no había tapa que pudiera hacer algo con eso. Y Bruno, en medio de eso, caminaba por el parque al borde del río. Salía después de haber chateado 2 horas con Mariana quien, a tres meses de cortar, no paraba de quemarle la cabeza. Todavía le daban vuelta las últimas líneas:

– Bruno, vos lo que nunca entendiste es que yo te amo.

– ¿Y eso le hacés vos a las personas que amás?

– Dale, no empecés de vuelta.

– ¿Que no empiece de vuelta? Vos lo que no entendés es que sos una hija de puta.

Y se desconectó. Se lo había dicho después de mucho tiempo de odiarla en silencio. Había podido explotar y mandarla a la mierda. Y así comenzó la fase en que Mariana se caía de la montaña mental en la que la había puesto. Desde esa altura era caída libre.

Pero algo así como una marea de necesidad lo sacó de lo que estaba pensando y se sentó frente a la computadora. No tenía ganas de verla ni de seguir pensando en ella, pero algo en el mensaje lo había dejado preocupado. Estuvo media hora intentando decidir qué música poner, hasta que empezó a sonar el teclado, primero lento y poco a poco como si fuera una lluvia sobre el techo. Es como si lo sucinto, lo desesperadamente concreto del mensaje lo hubiera obligado a escribir, casi sin cortes, en un intento por escribirlo todo. Por más que lo intentase, las palabras se le escurrían por los dedos, no podía parar de escribir.

Le contó qué estuvo haciendo en el tiempo en que no se vieron, los problemas con su familia sumados a los problemas de la guita que lo habían obligado a suspender la ayuda que le daba a su hermano. Retomó antiguas discusiones, pensó en volver a explicarle porqué habían cortado. Pero cuando vio todo lo que había puesto no pudo mandarlo. Lo pensó unos segundos y finalmente borró todo. En su lugar escribió:

Tengo un rato libre el jueves.

¿Te parece en el bar de esquina Callao

a las 16:00hs.?

Un beso

b

Eran las 16:10 y Mariana no llegaba. Bruno empezó a impacientarse. Cuando ya estaba pensando en cancelar la cita la vio aparecer por la ventana del bar. No supo porqué se volvió a sorprender de que ella llegase tarde. Durante el tiempo que duró la relación ella siempre había llegado tarde. Mariana entró por la puerta y lo buscó entre la gente, evidentemente no traía los lentes porque casi no había personas en el bar. Hasta que se acercó a la mesa.

– Hola Bruno ¿Cómo estás?

– Hola.

– ¿Hace mucho que estás?

– No, recién llego.

Y, mientras tanto, le hacía lugar en la otra silla para que apoyara el bolso. Al principio fue como si no hubieran estado separados durante un año. Hicieron lo que hacían siempre, él le contó del trabajo y ella de su familia, de la enfermedad del padre.

– Bueno, pero ¿vos cómo estás?

– ¿Y cómo querés que esté Mariana?

– Y, como querer, quiero que estés bien.

– Ya me olvidé cuándo fue la última vez que estuve bien, ¿Vos conocés a alguien que esté bien?

– Sí, a algunos conozco.

– ¿Y cómo se hace para estar bien? ¿Cómo hace esa gente a la que no le falta nada? Para nosotros es fácil ponerle nombre a nuestra desesperación, yo te tengo a vos, que no tengo guita, que me hubiera gustado que comamos en aquel restaurante, lo bueno que sería comprarme un autito. Pero ¿de qué sufren las personas a las que no les falta nada? ¿Cómo hacen para poder sufrir?

– Vos siempre tan melodramático.

– No, en realidad me chupan un huevo, pero me llama la atención… pobres tipos…

– Sí, pero no me cambies de tema. Te pregunté cómo estabas.

– Para el culo. La verdad, en este preciso momento tengo ganas de irme a la mierda.

– ¡Eh! Qué mala onda. ¿Por qué no empezamos de nuevo? Hola Bruno ¿Cómo estás?

– Hola. Bien, la verdad que estoy fantástico. ¿Te conté? Hoy me reúno con mi ex novia que se fue con un tipo diciendo que soy muy chico para entenderlo y después volvió pidiendo perdón.

– Disculpá, yo no dije que no lo podías entender, dije que no lo querías ver y no lo podés ver porque sos un pendejo. ¿No vés? Al final siempre terminamos peleando.

– Sí Mariana, por eso nos separamos.

– Mmm…puede ser, pero yo no soy tan negativa. También pasaron cosas lindas ¿no?

– Sí, hasta que la cagaste yéndote con el pelotudo ese.

– Uh, cómo estás, eh ¿Por qué no frenamos un poco? ¿Te conté que soñé con vos?

– No, y no me interesa. ¿Se puede saber porqué querías verme?

– Bueno che…no sé, por nada. Supongo que tenía ganas de verte.

– Mariana, esto ya lo hablamos ¿Te acordás? Pensé que había pasado algo.

– No ¿Qué va a pasar? Sí, ya sé que lo hablamos, bah, en realidad vos hablaste, yo sigo con ganas de verte.

– Mariana, no empecés.

– ¿Que no empiece qué? No entiendo cómo podés estar tan ciego, Bruno ¿No te das cuenta de las cosas que me pasan con vos?

– Basta, me voy a tener que ir.

– ¿Ves? Vos siempre hacés lo mismo, cuando algo se te va de las manos te vas.

– Cortala Mariana, por favor, hay gente.

– ¿Gente? ¿Qué me importa la gente? Necesito decirte…

– Mozo, la cuenta.

Y por el rabillo del ojo vio cómo las lágrimas empezaban a abrir canales a través de la cara de Mariana.

-Esta vez no me lo voy a poder aguantar. Me voy. Cuidate.

-Bruno, no te vayas, por favor.

Él se levantó, empezó a caminar, abrió la puerta y siguió caminando. Y mientras lo hacía, sintió cómo una bocanada de aire fresco le llenaba los pulmones. Caminó sin mirar atrás, antes de llegar a la plaza ya estaba llorando.

¿Cómo puedo ser tan boludo? Siempre hago lo mismo, si yo ya sé lo que ella va a hacer. De manual ¿Cómo puedo caer siempre en lo mismo? Además, ¿Qué mierda estoy buscando? Esto no da para más.

Y sentado en el banco de la plaza empezó a escribirle.

Mariana, acabo de salir del bar, perdoname pero no me podía quedar. Por un tiempo voy a necesitar que no nos veamos. A mí me hubiera gustado que las cosas sean de otra manera, pero por ahora esto es lo que puedo. Por lo menos hasta que esté un poco más tranquilo, las cosas en este momento no son fáciles para mí. Es raro escribirte así, un poco llorando, un poco diciéndote siempre más de lo que debo, pero bueno, vos ya me conocés. Esa manía de ponerme a escribir en el momento menos pensado. Después de que cortamos me empecé a hacer muchas preguntas. Me empecé a echar la culpa de lo que pasó ¿Te acordás de que vos decías que era como si me sintieras detrás de un vidrio? No me acuerdo bien cómo era la idea, pero siempre que hacíamos el amor vos me decías que era como si no pudieses tocarme. Estuve pensando mucho en eso. De todas maneras, nunca te voy a perdonar que hayas estado con Gastón. Pero ¿te dije que sos la primera persona que siento que me tocó? La verdad es que no sé qué mierda hacer. Por un lado, sos la mina que me hizo entender qué es lo que yo quería de una mujer y, por el otro, no puedo dejar de odiarte. Pero no es sólo eso, te odio y a la vez me odio por haberte perdido y por que siento que ya no puedo recuperarte. Después de lo que pasó no puedo ni mirarte a la cara. Me encantaría poder decirte todo esto mirándote pero no puedo, sé que no voy a poder. Creo que algo estuvo mal desde el principio, nunca creí que iba a poder, siempre pensé que no iba a darte lo que necesitabas. Porque, a fin de cuentas, ¿qué es lo que puedo darte? Siento que todo es de alguien más. Al final, me parece que lo único que es mío es una furia, una agresividad que siento pegada a la piel, la desesperación de sentir que el mundo no me alcanza. Eso es mío, eso sí que es mío. Y bueno, cierto amor porque las cosas cambien. ¿Vos me entendés? No puedo tenerte y no puedo dejar de esperarte. Tendrías que haber sentido cómo se me puso la panza cuando entraste al bar. Y vos que creías que no podías tocarme. Mariana ¿Me podés decir qué mierda hago? No, no podés, no te lo permitiría. Estoy atrapado en medio de este nudo, tratando de escribirte una carta para mostrarte algo que vos ya sabés. Estoy perdido. Encima no puedo dejar de llorar, no soporto la idea de que vos también seguro estás llorando y no puedo hacer nada. Pero también me cansé de todo esto, no sé lo que voy a hacer, pero ya no me banco esta situación. Tengo ganas de salir corriendo, ya sé que es idiota, que no tiene ningún sentido, pero igual me dan ganas de salir corriendo. Y a la vez necesito terminar esta carta. Necesito decirte que no te quiero volver a ver. Que aunque quiero, no voy a poder. Quiero pedirte este último favor, no me escribas, no me llames, olvidate de mí, no te olvides pero olvidate de mí. Por favor, es lo último que te pido. Basta. Necesito creer que pueden pasar otras cosas. Te amo, pero es la última vez que te lo voy a decir, a partir de ahora soy otro. Cuidate mucho. Un beso.

Bruno.

Dobló el papel por la mitad y se lo metió en el bolsillo, alguno de esos días lo pasaría por debajo de una puerta. Hacía frío, así que volvió a caminar y empezó a cantar bajito, mientras de fondo se escuchaban los autos y el río que se acercaba cada vez más.

 

10 comentarios

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  1. primeralluvia said, on 2 agosto 2008 at 12:48 am

    Estupendo relato, algunosescritos, qué descubrimiento…

  2. Fran said, on 4 agosto 2008 at 3:50 am

    gracias primeralluvia, muy lindo tu blog…

  3. eze said, on 4 agosto 2008 at 2:48 pm

    el arte de los límites, qué difícil….

    abrazo!

  4. lau said, on 4 agosto 2008 at 5:14 pm

    nene, q lindas imágenes q elegiste! sobre el tx ya sabés lo q pienso. besosss.

  5. Fran said, on 4 agosto 2008 at 5:25 pm

    gracias lau.
    a ver cuando te sumas a la comunidad
    y empezas a mostrar lo que estas escribiendo.

  6. Pipu said, on 5 agosto 2008 at 10:00 pm

    de todas tus innovaciones éste…el más completo, el más creíble….como te dije los otros días..pude hacerme todas las imágenes que me ibas tirando……besos nene!

  7. Fran said, on 5 agosto 2008 at 11:29 pm

    besos pipu

    y gracias,
    para mi tambien fue un texto muy importante

  8. muchasmiradas said, on 27 septiembre 2008 at 4:44 pm

    Triste, cuando alguien no puede perdonar…

  9. Fran said, on 5 mayo 2009 at 4:33 pm

    y triste tambien cuando puede hacerlo.


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