___________________ Algunos Escritos ____________________

Diferentes tipos de mudanzas y sus relaciones con la calidad de vida de los/as ciudadanos/as

Posted in Carolina Musa, Prosa by Martín Kaissa on 22 noviembre 2008

Por Carolina Musa

 

Conseguir cajas y bolsas, envolver platos y vasos en papel de diario (conviene el Diario de Poesía o una vieja revista Crisis, por el grosor del papel), proceder a embolsar y encajar, encintar, acumular los bultos en una esquina del living, acomodar los muebles vacíos en otra esquina del living, contabilizar todo lo que quedó sin bolsa ni caja, no desesperar, conseguir más bolsas, más cajas, re-envolver, re-embolsar, re-encajar, re-acumular, re-contabilizar, desesperar, llamar a amigos que necesiten muebles o partes de éstos, salir a la vereda, parar dos carros, nada, el tercero es un coterráneo de Mosconi que se emociona con el bombo legüero santiagueño sin parches, original, pero arruinado por la inundación, y se lleva también un hacha, una maza y varias cucharas de albañil que sería largo contar cómo diablos vinieron a parar al altillo, fumar varios cigarrillos entre la pila de cajas y la pila de muebles, no olvidar guardar el cenicero en la cartera, no pensar, sobre todo no pensar en las pérdidas por extravío, rotura, falta de espacio o estúpidos descuidos; solidarizarse y despedirse de la mesita enclenque, el soporte herrumbrado de las plantas, el cuadrado de cielo escrito y reescrito y los dos gorriones que lo frecuentan, el revoque que se cae de la pared, ese calefón de mierda, fumar más, en el patio, tomarse el tiempo de mover los bultos por el pasillo, uno atrás de otro como en procesión, irse, volver, qué falacia del lenguaje uno siempre se va, no se vuelve nunca al colchón en el suelo, al gorjeo matutino que acompaña Tom Waits, al primer semestre de primer grado, a ninguna cosa, ni siquiera a tu cuerpo tantas veces andado (no tenés idea cómo ondea tan diferente la bandera que planté en tu espalda). Ya no se vuelve. Se sabe siempre, en la mudanza se sabe más. Le duele a uno de saberlo tanto. Los más sensibles quieren llorar mil años pero se contienen, qué va a decir Tito, que nos mudamos a este edificio de ricos, qué vergüenza, si parecemos un caracol con esta montaña de bultos a cuesta, yo me voy a Finisterre con mis bultos, Tito, además en este edificio de ricos nos tratan mal, hasta el portero nos mandonea como si fuera policía, –es policía– dice Nico, y la mudanza no se hace los domingos sino los lunes, de 6 a 8 de la mañana, qué hacemos Tito, que nos manden la multa al cuarto piso departamento cuatro; estamos muy sudados para el común denominador, seguramente mal vestidos y hay que dejarle el montacargas a la señora en silla de ruedas, fijáte, por donde suben también los cadetes y cuidado, esto podría incluir a niños y ancianos, de hecho nos incluye, –estos hippies– hablan los ojos de una mujer justo antes de darse vuelta y horrorizarme con el color de su cara, marrón marrón, marrón de años bajo la lámpara, arrugada de tal forma que estremece; cuarto piso departamento cuatro, pleno centro, ruido infernal, hay que decirse muchas veces “es acá es acá” y “es lo mejor que pudimos hacer” sin contestarse, en general evitando mirarse a los ojos a menos que sea para reír, entonces sí, reírse a carcajadas festejando a Tito, nos mudamos acá, es que estamos escribiendo un libro sobre “historias de ascensor”, empezamos hoy, porque que el ascensor es como un barrio y este es un barrio grande, diecisiete pisos, seis departamentos por piso, multiplicá, sabés la de páginas que vamos a llenar y seguro acaban queriéndonos a los hippies del cuarto cuatro que no tienen nada que ver con los que estaban antes ¿viste?, esos chicos del interior estudiosos y amables, comiendo siempre arroz y fideos y te acordás en la mugre que vivían, estos, no, serán hippies pero bien limpitos que son, no parecen familia, el nene está siempre de punta en blanco.
El departamento no. La grasa chorrea por los azulejos de la cocina, la puerta está salpicada de vino añejo, hay un exceso de cables en el suelo, todos en uso, calzoncillos sucios tirados en el baño, tickets de La Gallega bajo la cama, sobre la mesa, atrás del lavarropa y del sillón, de caño negro tapizado con enormes flores violetas y verdes y ni un solo cuadro, ni siquiera un adefesio surrealista o un póster de los Rollings Stones, nada; descomunales bollos de pelusas ruedan por el living como en la patagonia, tierra de nadie, y tal cantidad de muebles que podríamos habilitar una compra-venta, bromeo cuando cerramos la puerta y entramos trepando entre bártulos. Observo. No me pregunto nada. No me pregunto cómo vamos a hacer y no me contesto. Me ignoro. Me voy por tangentes. –Es como si nunca hubiera vivido acá– me miento e inmediatamente cae un recuerdo, no, no es un recuerdo lo que cae es la imagen de haber prendido muchas velitas de cumpleaños sobre un vinilo encontrado en la calle. No era mi cumpleaños, era solo un poco de fuego, las urgencias que tenía entonces, un poco de aire, un poco de cielo desconocido. Me digo –es verdad, nunca viví acá, yo no, era otra chica- y me tranquilizo con este artilugio intelectualoide, total, Tito ya se fue y me puedo mentir a gusto y piacere.
Después tuve un sueño. Transcurría en una escuela en remodelación. Nico arreglaba paredes y clavaba (sí, clavaba) no se qué clase de clavos. Yo recorría el predio buscando una mercería, la encontraba, estaba atestada de gente y al llegar mi turno no podía recordar qué hacía ahí, ¿qué cosa vine a comprar? Para salir del apuro pedía un cierre.
Qué tipo de cierre– me increpaba la señora que era un ogro demacrado.
Un cierre de pollera marrón– me apresuraba yo, súbitamente decidida, y me iba a la biblioteca con mi paquete. Los libros estaban encintados en un cubo no muy grande y yo le decía a la bibliotecaria –parecen re pocos– y ella me contestaba –– y entonces Nico me daba un beso y yo llegaba.
¿Adónde?– me preguntó él esta mañana.
Cómo voy a saber.
¡Vaya uno a saber! En estos sueños ridículos no se llega a ningún lado, te despertás justo cuando torcés el picaporte y alcanzás a ver algo que parece un pañuelo amarillo. Hubiera preferido esa pesadilla ajena: caos de pececitos de colores volando por el aire y mariposas, precioso, cómo alguien pudo soñarlo y yo estúpida compro un cierre y llego a algún lugar sólo con un beso, muto en un solo acto mojado y ese cuerpo es el mundo por recorrer.
Las cajas siguen ahí.
No se qué querés que te diga: toda mudanza es una crisis. Hay un tipo que hizo una distinción entre crisis y catástrofe: nunca pero nunca se puede volver de una catástrofe al mismo estado de cosas anterior, de una crisis, sí, se vuelve y se revuelve, uno se alarga la soga, se da crédito aunque…
¿De qué hablás?– me interrumpió – una mudanza es una mudanza, se cambian cosas de lugar: de un lugar a otro lugar-.
El sarcasmo no me gustó, pero me lo tengo merecido por ese tono sabihondo universitario de la crisis-catástrofe.
Era un curso sobre “identidad de las organizaciones” y el tipo no sé, no me acuerdo-.
Con cualquier pelotudéz querés escribir un ensayo– dijo incorporándose de la cama, completamente desnudo.
-“La intervención de la retrocavidad de los epiplones en la anatomía del hígado“- retruqué, casi al mismo tiempo en que él me preguntaba por la cajita de las tarjetas.
Tengo que llamar al instituto-.
-“La mudanza como bisagra interlúdica en la vida y la muerte del sujeto hablante“- agregué y él me daba la espalda pero yo sabía que estaba sonriendo.
-¿Sabés dónde quedó la cajita?-.
-“Diferentes tipos de mudanzas y sus relaciones con la calidad de vida de los/as ciudadanos/as“-.
Por fin se dio media vuelta. Sonreía.
Otro deja vú.

 

13 comentarios

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  1. pipu said, on 23 noviembre 2008 at 5:58 pm

    ESPECTACULAR…viniendo de caro las palabras se hacen ecos, van y vienen con retorno sonoro…dulce, poético, me encanta!

  2. laucha said, on 23 noviembre 2008 at 7:43 pm

    cómo están las chicas del taller!
    musa es de otro planeta, y todos lo sabemos.
    fran, me estuve acordando mucho de algo q me dijiste por chat hace un tiempo: las mudanzas generan gastos, no sólo económicos, también de energía, psíquicos.
    ni q lo digas, este mes fue duro.
    espero no mudarme de acá a 5 años.
    este texto me gustó mucho. no sé si es porq me siento identificada, o porq caro tiene ese no sé qué de reflexión y pued ver cosas q otros no ven o, simplemente, porq me genera placer leerla.

  3. jazlima said, on 24 noviembre 2008 at 1:05 pm

    Por suerte uno no se muda tan seguido… sino terminaríamos todos locos.

  4. Caro said, on 24 noviembre 2008 at 1:46 pm

    Fran gracias por el post! pipureta y laucha me deben porrón vespertino, si quieren en “mundo de los chanchos” (mi planeta -ejemmm)
    jazmina menos mal que no, cada dos años es el mínimo para no afectar la cordura, cada 20 años indispensable jajajj

  5. Fran said, on 24 noviembre 2008 at 1:52 pm

    jajaja. que grande!

    caro: que bueno tenerla por aca no solo como autora
    sino tambien como comentadora de su propio texto

    realmente un gusto!

  6. jazlima said, on 24 noviembre 2008 at 5:11 pm

    Jajajaja! Cierto Caro!

  7. Bitacoras.com said, on 24 noviembre 2008 at 7:52 pm

    Información Bitacoras.com…

    Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

  8. Miguel said, on 27 noviembre 2008 at 4:45 pm

    Fran…

    Hoy acabo de terminar la mudanza del cierre definitivo de mi comercio y en dos meses la mudanza de mi departamento a mi ciudad natal. Gastos económicos claro que genera una mudanza, pero lo que a mí particularmente más me aniquila es la psiquis… Dios, es terrible.

    Me encantó este post. Muy bueno.

    Saludos

  9. kiram said, on 27 noviembre 2008 at 7:47 pm

    Hermosa escena de mudanza, me encanta.

  10. vero said, on 29 noviembre 2008 at 1:26 am

    Caro: es un texto increíblemente hermoso, muy original la manera de escribir, lo disfruté mucho, gracias.

  11. Pipu said, on 2 diciembre 2008 at 6:16 pm

    y…para cuando el porron carajo?

  12. Mudanzas internacionales said, on 5 septiembre 2009 at 1:36 pm

    La mudanza son cambios y los cambios son duros, cambiar puede ser bueno o malo en el fututo pero siempre estresante, en fin, paciencia y líquidos

  13. noe maga said, on 1 septiembre 2011 at 11:22 pm

    Caro; genia.Me gusta, me encantan tus escritos.
    Ademas…mi vida siempre cupo en cajas de bananas.


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