___________________ Algunos Escritos ____________________

Dolores (segunda parte)

Posted in ::: Escritos míos, Doloress, Relatos by Martín Kaissa on 13 abril 2009

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[Ir a la primera parte]

Ahí estaba Pedro y yo no tenía ganas de hacer nada para cambiar su cara, ni su temor sobre la droga, de modo que seguí en silencio. Pedro, que comprendió mi indiferencia, se fue para uno de los cuartos. Yo, entretanto, después de mirar un rato las bibliotecas y de no encontrar nada que me pareciera interesante, terminé viendo la tele con los únicos chicos que quedaban despiertos. Cuando mi viejo vino a buscarme, no me importó que la película no hubiera terminado, en definitiva era mala. Yo lo único que quería era irme a dormir a mi cama, quería descansar, que se acabara ese día, las risotadas turbias, Pedro, los caballos, la estanciera.

– Nos vamos pichón, ¿sabés dónde está tu hermano?
– Creo que está en aquel cuarto.
– Bueno andá a buscarlo y decile que nos vamos.
– Bueno. Nos vamos para casa, ¿no, pa?
– Primero vamos a ir un ratito a lo de Rubén.
– No pa, quiero ir a casa.
– No seas así hijo, además tengo que ayudar a Rubén a llevar unas cosas.
– Pero si Rubén tiene auto.
– Igual lo tengo que ayudar. Anda a buscar a tu hermano que nos vamos, dale.

Cuando convencí a mi hermano de irnos, mi viejo ya estaba en la camioneta. No me sorprendió que no hubiera cosas de Rubén en la chata, sabía que él tenía suficiente lugar en su auto. Pero era inútil discutir con mi viejo. El camino se hizo corto, aunque yo no podía disimular mi cara de mal humor. Además del sueño, nunca me gustó la casa de Rubén, lo hijos eran chicos y siempre me parecieron aburridos. Lo único que me atraía, y que me mantenía despierto, era la posibilidad de que estuviera Dolores y así encontrarme con esa mujer que me generaba una oscura admiración. En esa mezcla de sentimientos estaba yo cuando mi viejo se bajó a cerrar la tranquera que Rubén había dejado abierta unos minutos antes. Los perros salieron a ladrar. Mi hermano, que otra vez estaba dormido, no llegó a despertarse. Me bajé tratando de que la puerta no sonara –ese chirrido del metal viejo- y caminé hasta la casa. Cuando entramos, Rubén había abierto una botella de vino.

– Los pibes se fueron a dormir – le dijo Rubén a mi viejo en tono cómplice.
– ¿Y Dolores va a querer? – preguntó mi papá.
– No creo, está acostada.
– Llamala, no seas pijotero.
– Te digo que esta acostada.
– No seas amarrete, es tu mujer.

Dolores era una mujer de unos cuarenta años. A diferencia de las mujeres que yo conocía, entre las que se encontraba mi madre, Dolores había empezado a tener hijos entrados los treinta. Nunca supe bien qué había hecho antes, pero cuando llegó al pueblo estaba bastante mal, parece que Buenos Aires -esa maquina infernal- le había sacado el brillo al mostrarle los dientes y le había dejado ese rictus frío en la cara. Un año después de llegar a Lago Puelo nació Abelardo, su primer hijo, después llegaron las gemelas y finalmente nació Martincito, que tenía un año medio. Yo la había visto por primera vez en un asado en lo de los Rossner y enseguida empecé a reconocerla en los recitales de rock a los que yo iba con mi viejo. Dolores tenía una voz ronca y una boca gigante, fea, con labios que parecían dos bifes rancios; siempre con jeans mugrientos y pelo sucio. Le encantaba el whisky, pero no le hacía asco a nada. Ella fue la primera mujer que vi vomitar; nunca voy a poder sacarme esa imagen de la cabeza, ella doblada al medio tratando de agarrarse de un árbol con una mano y con la otra sosteniéndose los rulos así no se los enchastraba. El ruido era visceral, no era un ruido de mujer, era un sonido espantoso -por suerte fue tanto el asco que cerré los ojos.
Esa noche Dolores estaba tirada en la cama de la pieza, sólo nos separaba de la cocina donde nosotros nos encontrábamos una pared de cantoneras a medio hacer, como todas las paredes en este pueblo. De su boca salieron, gastadas, algunas palabras inentendibles. Mi viejo y Rubén se reían y seguían tomando vino, mientras mi hermano dormía en la camioneta. Yo me puse a mirar un libro porque el televisor estaba roto. Dolores en una pelea con Rubén había tirado un plato que tuvo el fatal destino de dejar a los chicos sin dibujitos de las cinco de la tarde; tenía sueño, hacía frío, habían dicho que esa noche nevaba. Yo le había dicho dos veces a mi viejo que me quería ir a dormir; la segunda vez reconocí en la mesa el espejito y la gillete y entonces supe que la estancia en casa de dolores iba a ser larga.
Mientras mi viejo y Rubén abrían otra botella de vino, desde el cuarto se escuchó de nuevo la voz de Dolores. Se quejaba de que no podía dormir; Rubén le dijo algo que no escuché y ella le respondió:

– ¡Pero por qué no me chupas la concha!
– Dolores, ¿pero por qué no te dejas de joder y me decís donde esta la frula que dejé en el mueblecito?
– Ya te dije pelotudo que me la tomé.
– Pero, ¿toda te la tomaste?
– No, toda no.
– Entonces, ¡¿me podes decir donde mierda está lo que dejaste?!
– No sé, pero no me la tome toda.- le dijo empezando a llorrar
– No puedo creer que te hayas tomado dos gramos enteros, ¡son como catorce rayas!
– No, te lo juro, diez capaz, doce, pero las catorce no.
– ¡La puta que te parió! Te das cuenta que no te puedo dejar en un lugar donde hay merca.
– ¡Te digo que no me la tome toda!
– O sea que no me puedo ir tranquilo a un asado.
– Pero porque no te vas a cagar, dejame en paz. Andá, andá a ponerte en pedo por ahí.
– Yo te dejo en paz, uno de estos días te voy a dejar en paz.
– Andá a cagar, pelotudo. Lo único que faltaba que me amenaces.

Después se escuchó un llanto entrecortado. Mi viejo, ante la situación, ya se había puesto de pie y me dijo que agarrara mis cosas. Rubén, que estaba claramente borracho, repasaba los estantes, los cajones y cada rincón de la casa. Resoplaba como peleándose con el aire y no podía dejar sus manos tranquilas.

– Pará Rubén, lo dejamos para la próxima.
– No, no seas boludo. Aguantá que me diga donde la dejó.
– No, pará que no quiero estar en el medio.
– Pero, no pasa nada, si ya sabes como es ella.
– No, Rubén, no da, aparte los pibes están cansados, lo dejamos para más adelante.
– Te digo que no pasa nada, no seas boludo

En ese momento apareció en la puerta Dolores con unas ojeras inmensas, los ojos rojos, llorosos, con la mandíbula desencajada y el pelo como un campo de batalla. Mientras intentaba buscar en un mueble, repetía: No se dónde la dejé, no se dónde la dejé. Me acuerdo que me quedé helado, y no podía hacer otra cosa más que mirar esa cara de desesperación, los movimientos eléctricos de sus brazos flacos y la mancha de sudor en la remera de los Rolling Stones. Yo creo que dolores me vio, esa sonrisa chueca fue un modo de decirme que sabía quien era, que de alguna forma me quería. Me impresionó su torpeza, chocándose con Rubén, peleándose con él por abrir los mismos cajones. Yo no podía dejar de mirarla, de seguirla con mis ojos, quieto, impotente, sentado en el sillón. Quise pararme para salvarla, hacer que terminara su sufrimiento y también el mío. Pero no, me quedé ahí mientras mi viejo cambiaba la cara y empezaba a verse preocupado. Después me miró, volvió a decirme que agarrara mis cosas y le dio a entender a Rubén de que nos íbamos. Rubén no llego a verlo, se metió en el cuarto buscando la merca que no aparecía. Dolores había perdido todas sus fuerzas y lloraba en la mesa del comedor. Yo seguía en el sillón sin poder moverme.

 

[Ir a la parte final]

 

12 comentarios

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  1. Bitacoras.com said, on 13 abril 2009 at 3:22 am

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: [Ir a la primera parte] Ahí estaba Pedro y yo no tenía ganas de hacer nada para cambiar su cara, ni su temor sobre la droga, de modo que seguí en silencio. Pedro, que comprendió mi indiferencia, se fue para uno de los cuartos…..

  2. lau said, on 13 abril 2009 at 5:25 pm

    feliz cumple fran queridooooo!!!!

    buena imagen/felicitaciones por el premio!

  3. Fran said, on 13 abril 2009 at 5:34 pm

    gracias laurita. un besote

  4. jazlima said, on 13 abril 2009 at 8:31 pm

    Wow, esta segunda parte me dejó el pecho oprimido.

    Es o fue tu cumpleaños? Felicidades!

    Premio? Qué premio?

    Besos!

  5. Fran said, on 13 abril 2009 at 11:51 pm

    hola jazmina, me alegro que haga efecto en el cuerpo. si, es mi cumpleaños (hoy) gracias.
    este relato comparte el primer puesto del concurso anual que organiza el taller literario al que voy, de ahi el premio.

    un beso

  6. jazlima said, on 14 abril 2009 at 1:48 pm

    Si… que haga efecto en el cuerpo es buena señal.😉

    Feliz cumple!

    Ahh!! Muy groso! Felicidades entonces por el premio.😀 Yo fui en una época a un taller literario… estaba bueno… y qué onda al que vas? Vale la pena?

    Besos

  7. Fran said, on 14 abril 2009 at 4:43 pm

    gracias.

    si, si que lo vale. cuando uno esta empezando a escribir esta bueno que haya un espacio para pensar la produccion. que tambien te fuerce a probar otra cosas y que de alguna manera uno autorice a que se diga: esto esta bueno. o esto esta mal (o feo).

    despues habra que hacer otra cosa, pero por ahora me sirve un monton.

  8. jazlima said, on 14 abril 2009 at 6:21 pm

    Claro, es genial, el feedback de tus compañeros, la crítica constructiva… y poder escuchar otras visiones de lo que uno escribe. Ay, me dieron ganas de hacerlo.😛

  9. Fran said, on 14 abril 2009 at 8:02 pm

    si,si. es muy productivo. te lo recomiendo

  10. jazlima said, on 14 abril 2009 at 8:19 pm

    Si, si, voy a averiguar a ver adonde puedo ir…

  11. Cerdos y Cerdas said, on 15 abril 2009 at 11:14 am

    lei por ahí que cumpliste años, saludos entonces. Serás de aries como yo? yo naci un 8 de abril.

    En cuanto al relato está inevitablemnete inquietante. Muy buena la manera de contar. Atrapante, loable.

  12. Fran said, on 15 abril 2009 at 8:48 pm

    gracias cyc. me mata lo de un relato loable. tiene que ver con los chanchos y revolcarse en el lodo?


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