___________________ Algunos Escritos ____________________

Desayuno con medialunas

Posted in ::: Escritos míos, imagenes, Relatos by Martín Kaissa on 1 septiembre 2009

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Cada dos por tres Agustín se levanta y llora. No sabe por qué. Simplemente abre los ojos, lo inunda una sensación de sequedad y después comienza a lagrimear inescrupulosamente. Estuvo un tiempo preocupado hasta que habló con un medico y éste le dijo que no era el único caso. Que a veces ocurría en los hombres de cierta edad, que al parecer tenía que ver no entendió bien con qué hormona.
Esa mañana Agustín volvió a llorar. A decir verdad, ya estaba bastante acostumbrado y era perfectamente capaz de prepararse el desayuno sin que el lagrimear lo interrumpa.

Del otro lado de la ciudad una nena se levanta del piso después de un tropezón y llora. Julia le dice: dale, dale que no pasó nada. ¿Qué, te vas a pasar toda la vida llorando? La nena se levanta y le saca la lengua. Mi mamá no te paga para que te burles de mí, le dice la nena mientras se sienta a la mesa en la que la espera un desayuno servido.

Agustín y Julia miran televisión, cada uno en su lado de la ciudad. Ciento noventa y ocho muertos y ningún preso, reza el titular. Estos músicos son un desastre, piensa Agustín. Estos jueces son un papelón, dice Julia. Son todos unos hijos de puta, exclaman los dos al mismo tiempo.

Agustín camina por la peatonal y necesita sentirse sólo, entonces mira para arriba. No hay nada. O como le gusta pensar a él, hay nada. Por eso siempre le gustaron los techos altos, los departamentos lo oprimen, con su incapacidad de mostrar el vacío. ¡Cuidado pibe! ¿Por qué no te fijás por donde caminás?, le dice de pronto un señor que estuvo a punto de chocárselo. Él ni se molesta en contestar. Agustín vive en un monoambiente.

Es de noche y Agustín y Julia salen al mismo bar. Ella con su grupito de amigas, él con la gente del laburo. Es uno de esos lugares donde la gente se dedica a caminar de un lado a otro toda la noche. Un grupito de osados intenta bailar, aunque el lugar no fue pensado para eso. Uno de los compañeros de Agustín intenta sacar a bailar a una de las amigas de Julia, pero ésta declina la oferta. En determinado momento de la noche lo habitantes del bar, sumidos en el alcohol que ya inundó hasta el piso, organizan un trencito. Julia va seis personas delante de Agustín, pero él nunca la ve. Que buena está la fiesta, comenta a los gritos un amigo de Agustín, lástima las minas. Agustín sólo sonríe, los cuatro Gintonic han hecho estragos con su persona. Igual, yo a esta hora ya me voy con cualquiera, confiesa el muchacho. Agustín se tapa la boca y encara para el baño.

¡Que lindo lugar! Le dice a Julia una de sus amigas. Sí, lástima que los flacos sean unos pelotudos ¿Todavía no entienden que apoyando y apoyando no van a levantar nunca nada? Julia se sienta en una mesa ubicada en la esquina del bar, sabe que la noche está perdida. Me quedo un ratito más por las chicas, pero en media me voy, piensa mientras mira con cara de orto al flaco que intenta sentarse en su mesa.

A la mañana siguiente Agustín se encuentra con su heladera vacía y baja a la calle. Cinco pesos la docena de medialunas recién horneadas, se lee en el cartel de la esquina. Esto es un regalo, piensa él. Todavía no sabe bien cómo llegó a su casa pero tiene un hambre que es capaz de comerse la docena él sólo.

Julia se despierta con los ruidos de sus dos amigas que repasan la noche anterior. Finalmente habían decidido dormir las tres en la casa de una de ellas que vive cerca del bar, igual que lo hicieron durante toda la secundaria. Cuando se levantó las dos amigas se rieron y dijeron a coro: ¡Julia te toco ir a comprar las medialunas! Julia se enfureció pero sabía las reglas, la última que se levanta compra las facturas para el desayuno.

Julia y Agustín se chocan en la entrada de la panadería. Él se disculpa, pero vuelven a chocarse al pasar por la puerta. Parece que fue una noche dura para varios, dice él mientras la mira de reojo. Ella lo mira y con una sonrisa sarcástica le responde: la verdad que para llorar. Eh, no vas a estar llorando por cualquier cosa, dice él. Ella sonríe y antes de que pueda responder los interrumpe el panadero: ¿quién estaba primero? Les comento que sólo me queda la última docena de medialunas.

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11 comentarios

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  1. Bitacoras.com said, on 1 septiembre 2009 at 12:48 am

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Cada dos por tres Agustín se levanta y llora. No sabe por qué. Simplemente abre los ojos, lo inunda una sensación de sequedad y después comienza a lagrimear inescrupulosamente. Estuvo un tiempo preocupado hasta que habló con …..

  2. Jose said, on 1 septiembre 2009 at 7:31 am

    hola

    me ha gustado mucho, excelente narrativa, y los personajes expresan muchos sentimientos

    un saludo

    • Fran said, on 3 septiembre 2009 at 9:06 pm

      gracias jose, me alegro que los personajes hablen más allá (y más acá) de lo que dicen

  3. .M said, on 1 septiembre 2009 at 1:22 pm

    .

    me gustó el manejo del tiempo.

    .

    muy buena la foto ilustrativa,
    ¿es tuya?

    .

    • Fran said, on 1 septiembre 2009 at 8:42 pm

      mia, lo que se dice mia, no. es una composicion que hice yo,
      con fotos mias y algunas que encontre por ahí (el ojo y las medialunas)

  4. .M said, on 1 septiembre 2009 at 8:48 pm

    .

    aha, muy bien entonces.
    es un buen fotomontaje.

    .

  5. luna a medias said, on 1 septiembre 2009 at 10:15 pm

    ¿a medias naranjas? nooo… ¿quién estaba primero?

  6. Daria said, on 3 septiembre 2009 at 8:30 pm

    Es genial, aunque estos relatos del “nunca se van a encontrar” me descomponen… No sé por qué. Suerte que al final sí lo hacen. (Compartirán las medias lunas, supongo :D)
    Todo un placer🙂

    • Fran said, on 3 septiembre 2009 at 9:05 pm

      bienvenida daria! sobre lo que pasa más alla del relato escrito,
      la casa tiene la politica de dejarlo a la libre interpretacion del lector🙂


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