___________________ Algunos Escritos ____________________

Los sueños de Klauss (primera parte)

Posted in ::: Escritos míos, Los sueños de Klauss, Relatos by Martín Kaissa on 5 marzo 2010

Esa tarde Klauss encontró, entre las cajas de la última mudanza, una toalla naranja un tanto desteñida que utilizaba como capa de superhéroe. Se había acostumbrado a jugar solo, no tenía muchos amigos en el cerro y la única vecina cercana se había empecinado en jugar a las muñecas o al casamiento. Odiaba esos juegos, para él eran juegos de nenas. Estar solo no era un problema, se las arreglaba para imaginar un monstruo terrible que tenía atrapada a una mujer a la que él con sus superpoderes debía salvar. Se escondía entre los árboles del monstruo que lo perseguía, sin que le importara salirse del camino de las vacas y de a poco se metía en el bosque. Un árbol caído de pronto encarnaba la bestia y él, defendiendo a su amada imaginaria, gritaba: no temas, yo te protegeré. Y el grito atravesaba el bosque. Más tarde el bosque le respondía: Klauss, Klauss la comida. Era la voz de su mamá que había estado toda la mañana leyendo la receta de un guiso. Èl tardó un rato en poder bajarse de aquél gigante caído, se enmarañó con unas mosquetas que estaban alrededor del árbol hasta que por fin pudo salir. Cuando encontró el camino de las vacas escuchó que su mamá lo llamaba otra vez. Al fondo del camino se veía la casita todavía a medio hacer en la que vivían. El piso de la cocina era de tierra y algunas ventanas tenían plásticos esperando por el vidrio. Al mudarse al pueblo los tíos encargaron al papá de Klauss que cuidara la casa. Él había aceptado diciendo que era por un tiempo, hasta que construyeran una propia. Pero lo que empezó como una situación momentánea se había vuelto permanente.
Klauss se dió cuenta que había estado toda la mañana en el bosque, cuando abrió la puerta y se mezclaron el chirrido de la madera y el olor a guiso que inundaba la casa.

– ¿Dónde estabas?
– En el bosquecito.
– Y ¿de dónde sacaste esa toalla?
– De las cajas del galpón.
– ¿Qué hablamos de esas cajas?
– Pero me aburro, mamá ¿puedo jugar con la toalla?
– Mirá, más vale que dejés todo ordenado antes de que llegue tu padre.
– ¿Puedo sacar mis cosas de las cajas?
– ¡No! Ya te dije que las cajas de la mudanza no se tocan.
– ¡Pero mis juguetes!
– Cuando vayamos a la casa nueva.
– Ufa.
– Klauss, comé que se te enfría la comida.

Estar afuera toda la mañana le había dado hambre y a pesar de que el guiso no tenía gusto a nada, se comió dos platos. Pensó en volver al bosque, pero quería sus juguetes. Sabía que no convencería a su mamá, nunca lo lograba, pero no quería rendirse tan fácil. No iba a hablarle del tema, pero empezó a dar vueltas por la casa, a cambiarse de ropa, a preguntar por su papá.

– ¿Por qué no vas a lo de los abuelos?
– ¿Vos me acompañás?
– No, Klauss, ya estás grande, andá solo.

Pasó la tarde ayudando a su abuelo a arreglar unos alambrados que se habían roto en el camino de la leña. De tanto ir del establo al galpón llegó a su casa agotado, apenas le alcanzaron las fuerzas para saludar a su mamá y llegar a su cama. Dormí bien, que mañana vamos a ir al pueblo. Armó así como pudo su cama, tenía las frazadas revueltas de la noche anterior. Se acostó. ¿Me apagás la luz ma?, dijo y no se dio vuelta hasta que ella apretó el interruptor.
Klauss dormía. Un hombre enorme con cara de cerdo lo viene persiguiendo. Una mujer, que se parece mucho a la de la película que vió en lo de los tíos, grita. Mientras camina sobre un suelo empantanado un pozo va creciendo a su espalda. Empieza a apurarse, corre, sin dejar de correr, siente la respiración de su perseguidor cada vez más cercano. El hombre cerdo no le pierde el paso. Siente que no puede mirar atrás, seguir corriendo es la única posibilidad y el pantano se hace cada vez más denso. Poco a poco una voz va tomando claridad.

– No entiendo de qué te quejás.
– ¿De qué me quejo?, ¿De qué me quejo? -Repitió la voz de su mamá subiendo cada vez más el volumen-. De que vos no estás nunca, de que la que se queda con el pibe soy yo, mientras vos desapareces y cuando volvés estás en pedo. ¡De eso me quejo!
– La verdad que no te entiendo.
– ¿Qué es lo que no entendés?
– ¿No querías un pibe? Ahí tenés un pibe. ¿Qué querías que te lo cuide yo?
– ¡También es tu hijo!
– Sí, pero el que labura soy yo. Vos estás todo el día al pedo y llego y la casa es un desastre. La comida está quemada, no puedo ni llegar a mi casa y comer bien.

Klauss se revolvía en la cama mientras los gritos cruzaban las paredes de la casa. Él hubiera querido irse al bosque, que todo fuera silencio, pero la oscuridad le daba miedo. Pensó en la escuela. Cuando terminaran las vacaciones tendría que empezar cuarto grado. Pensó en el día en el que se había peleado con Guillermo después del partido de fútbol y en sus gritos: ¡gringo sucio! Las compañeritas del grado que se reían del pelo rubio y sin embargo le robaban su regla de colores. Estaba perdido en la escuela, pero a las que menos entendía era a sus compañeritas. Casi había logrado irse de ahí cuando escuchó un ruido que no era nuevo para él. Su mamá empezó a gritar.

– ¡Hijo de puta, nunca más vas a ponerme una mano encima!
– Vení, no seas así. No quise hacerlo.
– Salí de acá. Sos un borracho de mierda.
– Yo a vos no te importo. ¿No te das cuenta? Yo laburo para vos y mirá como me tratas. Vení acá, no quise hacerlo.
– Salí de acá te dije, andate, andate a lo de tus viejos. No te quiero ver.

A la mañana siguiente cuando Klauss preguntó por su papá, su mamá le dijo que había subido al cerro con el abuelo a buscar leña. No quiso seguir preguntando. Después de las discusiones entre sus padres sentía muchas ganas de estar con ellos, pero con cada uno por separado. Esa mañana, ella, al verlo sin hacer nada le propuso:

– ¿Por qué no vas a lo de la vecina?
– No ma, me aburro.
– Haceme un favor, llevale a Carmen este frasco de dulce, que el otro día mandó torta y de paso te quedás un rato.
– No, si querés le llevo el dulce, pero me vuelvo.
– No te podés quedar acá todo el día. Hacé algo.

Su mamá sacó de la repisa uno de los frascos de dulce que había hecho con las frambuesas de la cosecha. La chacra estaba funcionando mejor que el año anterior. Klauss agarró el frasco, se puso la campera, las botas de lluvia (su mamá se la pasó repitiendo que había llovido toda la noche) y salió de su casa. Agarró la picada que iba para lo de Carmen y se perdió en el bosque. El camino era largo, pero él ya lo había hecho varias veces. Carmen lo recibió y le regalo una bolsita de jirones de manzana seca. Ella sabía que a él le gustaban. Mi hija no está, asi que no vas a poder quedarte. Él fingió desilusión, pero en el fondo no tenía ninguna intención de pasarse la tarde jugando a las muñecas.

 

Ir a la segunda parte

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6 comentarios

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  1. Bitacoras.com said, on 5 marzo 2010 at 5:34 pm

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Esa tarde Klauss encontró, entre las cajas de la última mudanza, una toalla naranja un tanto desteñida que utilizaba como capa de superhéroe. Se había acostumbrado a jugar solo, no tenía muchos amigos en el cerro y la única v…..

  2. Cande said, on 6 marzo 2010 at 3:23 pm

    Muy buena esta primera parte Fran! Me sacudió el cuerpo entero cuando Klauss va despertando y escucha la pelea de los padres. Creo que está bien logrado (y yo estoy demasiado sensible, también puede ser).

    Aunque entienda las razones por las que lo cortás, a decir verdad, prefiero el texto completo🙂

    Besos!

    • Fran said, on 11 marzo 2010 at 2:35 am

      me alegro cande! ya llegará la segunda parte. por ahora no se puede publicar mas que esto.
      pero ya llegaran tiempos mejores, vos no digas nada, pero ya llegaran, 🙂

      • Cande said, on 11 marzo 2010 at 11:17 pm

        Uy! perdón fran! creí que lo cortabas sólo para no cansar al lector, como hiciste otras veces. Si sólo tenés esta parte y no pudiste contener las ganas publicarlo, mis disculpas, no he dicho nada, me parece maravillosa tu incontinencia escrita🙂

  3. santa klauss said, on 16 marzo 2010 at 6:04 pm

    ¿aires de caperucita?
    me gustan el camino de las vacas y los árboles del monstruo. ¿puedo sacar mis cosas de las cajas o al menos puedo abrir los regalos?
    Pd: ¿no hay fotoñal?

    • Fran said, on 16 marzo 2010 at 6:22 pm

      aires de lobo. moustros arborecentes. los regalos en la tercera entrega y ya llegaran las hojas, las fotos y el otoño


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